NOTA XXII EDICIÓN DE LOS GALARDONES DE LA FUNDACIÓN RODOLFO BENITO SAMANIEGO

LOS PREMIOS BENITO SAMANIEGO VUELVEN A RECORDAR EL VALOR DE LA CONVIVENCIA

El Paraninfo de la Universidad de Alcalá acogió la XXII edición de los galardones de la Fundación Rodolfo Benito Samaniego, dedicados a reconocer iniciativas vinculadas al conocimiento, la innovación y el compromiso social.

Hay palabras escritas hace muchos años que siguen encontrando su lugar entre nosotros.

“No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos”.

El poema pertenece a la poeta Ángela Figuera Aymerich y fue escrito en 1948, en su libro Mujer de barro.

Aquellas palabras volvieron a escucharse en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá durante la XXII edición de los Premios de la Fundación Rodolfo Benito Samaniego, un encuentro que cada año reúne a quienes creen que la convivencia a convivencia es algo que hay que cuidar cada día.

Los premios mantienen viva la memoria de Rodolfo Benito Samaniego, que perdió la vida con solo 27 años en los atentados del 11 de marzo de 2004. Más de dos décadas después, este encuentro sigue reuniendo a familiares, instituciones y ciudadanos que entienden la memoria como algo más que un recuerdo. Es también una manera de prolongar su vida a través de los valores que defendía: la convivencia, el respeto y la confianza en que una sociedad mejor se construye entre todos.

La ceremonia comenzó con un minuto de silencio en memoria de todas las víctimas del terrorismo.

El Premio Individual a los Valores de Convivencia fue concedido al biólogo Miguel Delibes de Castro, una de las figuras más respetadas en el mundo de la conservación de la naturaleza. A lo largo de su trayectoria ha defendido una idea sencilla. El ser humano forma parte del entorno que habita y el progreso solo tiene sentido si se construye desde el respeto.

El Premio Colectivo a los Valores de Convivencia fue para la Sociedad de Condueños de los Edificios que fueron Universidad, institución histórica ligada a la conservación del patrimonio universitario de Alcalá de Henares.

Entre las entregas de los premios, los acordes de la guitarra de Enrique Bermúdez recorrieron el Paraninfo. Interpretó SoleáAsturias de Albéniz y Bulería, y durante unos minutos todo pareció detenerse para escuchar.

El Premio a la Innovación Tecnológica fue concedido a Bidane Jiménez Martínez, estudiante de la Universidad Carlos III, por su Trabajo Fin de Máster, un proyecto que plantea el desarrollo de un exoesqueleto para ayudar a los operarios aeroportuarios en la manipulación de equipajes, reduciendo el esfuerzo físico y el riesgo de lesiones.

Durante sus palabras explicó que la idea surgió de una escena conocida por cualquier viajero, el momento en que una maleta desaparece por la cinta de facturación en un aeropuerto. Detrás de ese gesto aparentemente sencillo —recordó— hay trabajadores que levantan decenas de kilos durante horas.

La joven ingeniera quiso también recordar el papel de la educación pública, gracias a la cual —dijo— había podido llegar hasta allí.

Asimismo, la Fundación concedió dos accésits a Aníbal Rozada Suárez y a Juan Manuel Cantero Angulo, en reconocimiento a la calidad de sus propuestas.

El acto terminó con la intervención de Ana Isabel Hidalgo Serna, presidenta de la Fundación, que volvió a recordar el sentido profundo de este encuentro: mantener viva la memoria y seguir apelando a la convivencia pacífica.

Quiso cerrar la jornada retomando los versos de Ángela Figuera Aymerich:

“No quiero
que haya miedo en las calles”.

Las palabras, escritas hace más de setenta años, volvieron a escucharse en el Paraninfo como un recordatorio sencillo de algo esencial. Que la convivencia, la paz y el respeto no son ideas abstractas. Un mensaje que, en tiempos convulsos, sigue conservando toda su vigencia.

Son cosas que no deberíamos olvidar.