S E N D E R I S M O

MARCHA A LA LAGUNA DE PEÑALARA

Hoy hemos hecho el grupo de Ing. Intrépidos de la Comisión de Actividades Cultuales y Recreativas una de las marchas más bellas y populares de la Sierra de Guadarrama. Con recorrido lineal, su corta distancia total de unos 6 km (ida y vuelta), y el escaso desnivel de unos 200 m. nos ha permitido disfrutar del paisaje de alta montaña formado por bosques de pinus nigra, verdes praderas y una red de arroyos del deshielo.

Salimos del puerto de Cotos y muy pronto nos encontramos con el Mirador de la Gitana, donde hicimos una parada para tratar de identificar los diversos picos de la Cuerda Larga, pero los pinos, ya muy crecidos, nos lo impidieron. Tras un recorrido por un sendero salpicado de rocas, y un tramo final con agradables pasarelas de madera, llegamos al circo glaciar, donde descansa la Laguna Grande. Allí estaba, a 2.027 m. de altitud, con sus aguas tranquilas, con su atmósfera calmada, encajonada bajo las imponentes paredes de granito del pico de Peñalara en las que aún quedaban algunos neveros, refrescada por una suave brisa, y cubierta por un limpio cielo de color azul.

Sus aguas recordaban que este elemento es uno de los cuatro referidos en las antiguas culturas (aire, tierra, fuego, agua). Se encuentra en casi todas las cosmogonías, y en la misma ciencia, como el origen de la creación, el comienzo de la vida, la matriz de todas las formas de existencia. La inmersión en las agua simbolizaba la regeneración, el renacimiento. En la purificación por el agua, moría la persona vieja, y emergía otra nueva. Os rociaré con aguas puras y seréis puros, podemos leer en el libro de Ezequiel Os bautizo con agua, pero aquel que es más fuerte que yo os bautizará con el Espíritu, proclamaba Juan en el Jordán.

Ese rito de inmersión fue realizado, y lo sigue siendo, por los peregrinos que iban a Compostela a su paso por Labacolla. El agua se convierte en símbolo de vida, en agua de vida: Yo soy el agua viva, dijo Jesús a la samaritana. En el Apocalipsis se habla de un río y agua de la vida, limpia como el cristal, que mana del trono del cordero. El agua de vida, al igual que el árbol de la vida, el río de la vida, o la fuente de la vida son distintas formas míticas o metafóricas de una misma realidad metafísica.

El agua está relacionada también con lo fluyente. Para Heráclito, el río lleva aguas en las que nadie puede bañarse dos veces. Fluida por excelencia, el agua es símbolo del devenir universal y al paso del tiempo. Es asimilada también con lo femenino y con los ritmos lunares. Uno de los emblemas acuáticos por excelencia es la Concha, símbolo del Camino a Santiago.

Pero la marcha de hoy nos ha enseñado algo quizás más importante que todo esto, y es como la voluntad de alcanzar una meta, es mucho más fuerte que el desgaste del propio cuerpo físico por el paso de los años, los destrozos que puedan provocar en el mismo los tropiezos en el Camino de la Vida, o el abatimiento ante circunstancias totalmente adversas. Gracias amigo Pedro.

Buen Camino para todos.