Cooperación y capacidad industrial, claves para el futuro de Europa
Europa no puede esperar. En un escenario internacional cada vez más inestable, marcado por la competencia geopolítica, la disrupción tecnológica y la presión sobre los recursos energéticos, el continente se enfrenta a una decisión de fondo. Avanzar unido o asumir el riesgo de perder relevancia.
Este fue el eje del Almuerzo de la Ingeniería, organizado por la Asociación de Ingenieros Industriales de Madrid (AIIM) y el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM) que contó con la intervención de Daniel Calleja y Crespo, director de la Representación de la Comisión Europea en España. Con una sólida trayectoria en las instituciones europeas, ha ocupado puestos de alta responsabilidad como Director General de Medio Ambiente y de Mercado Interior, Industria, Emprendimiento y Pymes, además de desempeñar la muy exclusiva Dirección General del Servicio Jurídico de la Comisión Europea, participando directamente en la definición de políticas estratégicas de la Unión Europea.
Ante un auditorio formado por profesionales del ámbito industrial, su mensaje fue claro. “Europa tiene que decidir si quiere ser un actor o quedarse como espectador”.
El contexto ha cambiado. El orden internacional que durante décadas sostuvo la estabilidad europea se está fragmentando y las dependencias externas se han convertido en un riesgo. La Unión Europea importa más del 50% de la energía que consume y mantiene una fuerte dependencia en materias primas críticas y tecnologías estratégicas. “La autonomía estratégica no es una opción ideológica, es una necesidad práctica”, subrayó.
La respuesta no pasa por soluciones aisladas. En un entorno global dominado por grandes bloques, la escala es determinante. “Ningún Estado miembro puede competir solo. O actuamos juntos o no seremos relevantes”, advirtió.
En este escenario, la ingeniería ocupa un lugar central. La transición energética, la reindustrialización y la transformación digital no son conceptos abstractos, sino procesos que requieren capacidad técnica y ejecución. Europa puede fijar objetivos, pero necesita quien los haga realidad.
Los ingenieros convierten estrategia en capacidad. Diseñan infraestructuras, optimizan procesos, desarrollan soluciones energéticas y refuerzan el tejido productivo. Sin esa base, la autonomía europea no pasa de ser una declaración de intenciones.
El encuentro dejó una idea clara. Europa dispone de talento, industria y conocimiento. Lo que necesita es avanzar con una dirección común y mayor coordinación. “Tenemos los recursos, pero debemos utilizarlos de forma conjunta”, apuntó.
El Almuerzo de la Ingeniería volvió a situarse como un espacio de reflexión sobre los grandes retos del momento, pero también como un punto de impulso. Porque esperar ya no es una opción. Europa debe actuar. Y hacerlo unida.
